Cuidar más no siempre es mejor

Cuidar mejor no significa hacer más. Significa dar a cada persona exactamente lo que necesita, ni más ni menos.

A menudo pensamos que cuidar es hacerlo todo por la otra persona, sin detenernos a observar o escuchar qué puede hacer ella misma. Al principio parece un gesto de buen trabajo. Con el tiempo, se convierte en un problema para ambas partes.

El error de cuidar de más

Cuando damos más atenciones de las que la persona necesita, le estamos restando capacidades. En usuarios con demencia, debilidad o alguna alteración del movimiento, esto puede eliminar el poco repertorio de movimientos que conservan, reducir su fuerza y capacidad física, o hacerles perder destreza.

El resultado es una persona cada vez más dependiente, que necesita más cuidados y más rápido de lo que hubiera necesitado si se le hubiese dejado mantener las actividades que sí podía hacer. Y eso, con el tiempo, genera una sobrecarga real sobre quien tiene que cuidarla.

Cuando este patrón se repite en varios usuarios y en varios trabajadores de una misma empresa, el efecto se multiplica: más carga de trabajo, más desgaste físico, más rotación y más bajas por sobreesfuerzo. Lo que parece «cuidar bien» a corto plazo, a medio plazo sale caro a la organización.

Cómo saber qué ayuda necesita realmente cada persona

Cuando se empieza a acompañar a una persona por primera vez, hay que conocerla poco a poco. Conversar con ella si puede hablar. Preguntarle qué es lo que más le cuesta hacer y qué es lo que más le gusta hacer. Después, observar cómo se mueve, si hay momentos con mayor facilidad que otros, si su estado cambia según quién esté presente, y muchos otros detalles.

Todo esto permite saber en qué actividades necesita ayuda esa persona y en qué medida. Y en las que pueda participar, aunque sea mínimamente, hay que dejarla hacer: eso mantiene sus capacidades por más tiempo y hace que necesite menos ayuda.

Los niveles del cuidado

Dejar que una persona haga cosas por sí misma no significa que no necesite de otra persona. El cuidado tiene niveles, igual que la dependencia.

No es lo mismo una persona que necesita ayuda total para asearse porque no puede moverse, que otra que solo necesita ayuda parcial para enjabonarse las zonas donde no llega, que otra que simplemente necesita supervisión: alguien atento por si en algún momento hace falta ayudarla a entrar o salir, acercarle una toalla, o cualquier otro detalle.

El cuidado tiene que adaptarse de la misma forma: dando a cada usuario la ayuda justa que necesita en cada momento.

La mayoría de las personas queremos ser independientes. Aceptar que se depende de otra persona, en algunos o en todos los aspectos, no es fácil. Por eso, dejar que las personas participen y hagan lo que puedan por sí mismas no es solo una técnica de cuidado: es también un acto de empatía y de hacerles sentir valiosas.

¿Quieres que tu equipo sepa identificar el nivel de ayuda justo para cada usuario?

Soy Sonia Alcaide, fisioterapeuta especialista en neurología, y desde hace casi 12 años acompaño a personas en situación de dependencia, a sus familias y a los profesionales que las cuidan.

En este espacio comparto parte de lo que he aprendido durante todos estos años: conocimiento, experiencias y reflexiones para comprender mejor el cuidado y hacerlo más humano, digno y sostenible para todos.

Porque hablar de cuidar también significa hablar de quienes cuidan.

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